Catálogos

Pintor al acecho de la luz, enigma de la vida, Emilio Trad no expone por primera vez en Beirut, donde llueve luz con profusion. Nuevamente, nos encontramos con su vision extraña de un mundo sorprendente, levemente inquietante, donde sueños, fantasia y trozos de realidad tienen insolitos encuentros. Onirismo suntuoso, a veces venenoso, con una ejecucion pictorica impecable, pulida hasta el ultimo toque. Nunca se vio oleo tan docil, tan domado, tan diestramente depositado, hasta lograr efectos que dejan al visitante pensativo, como aureolado por cierta luz.

Trad viene de Florencia, la de Fra Angelico, por cierta frialdad en la composicion y en la forma. Viene de la Toscana de Piero Della Francesca, la de Arezzo por su composicion sabia, inteligente, despojada, simetrica. La de una civilizacion que sabia superar toda contingencia, y de una cultura que no se estaba descomponiendo. Trad revela lo que va a cambiar en el Arte en este umbral del tercer milenio. No busco nada en los desvanes del siglo veinte, salvo esta linda manera de aludir a Balthus sin copiarlo nunca. Su creatividad es lucida, personal, exaltando otra organizacion del espacio gracias a la madurez de su talento. La terrible impasibilidad hieratica de sus personajes observandonos, la simetria clasica de sus paisajes convertidos en personajes son trozos de arte puro que corrigen la naturaleza frontalmente.

De muestra en muestra, Emilio Trad confirma su fuerte madurez creativa.  Un constructivismo de relaciones entre frentes y perfiles del rostro humano y, a menudo, de universos recompuestos.

Su obra se fundamenta en las reglas de proporciones y perspectivas establecidas por Vitrubio.

La esquematizacion de sus cuerpos, la estilizacion en una inmutable estabilidad de formas hacen de él un gran pintor clasico (…) Las obras de Trad no llegan nunca a cansar el ojo, porque la composicion es clasica, sin manierismo. La fuerza imaginativa del pintor, los simbolos discretos de su pintura son naturales sin intelectualismo. Tiene la estatura de los pintores de timpanos, de absides y de Capillas Mayores.

 A veces, en medio de la muestra, nos gustaria escuchar una Partita de Bach tocada  por Glenn Gould.

A travers ces hommages, véritables clins d’œil à mes «maîtres», tout en me réclamant de la modernité, je plonge dans la tradition picturale occidentale, aussi loin que possible dans

le temps. Il s’agit pour moi d’inscrire dans un seul et même espace, celui d’une toile devenue terrain de bataille, cette confrontation entre la tradition et la modernité. Il apparaît très vite que le résultat de ce défi, de cette comparaison n’est pas de l’ordre de la contradiction, mais bien de la continuité et de l’intégration.

Car la beauté transcende toutes les tendances et toutes les époques, comme une sorte de halo invisible qui subsisterait de manière permanente. Ainsi, L’art, dans son ensemble, voyage à travers les siècles en parcourant toute l’histoire de l’humanité avec un seul ticket, celui du talent. N’éprouve-t-on pas le même plaisir esthétique en regardant un tableau de Goya ou celui d’un Monet ? A-t-on jamais réussi à être plus moderne et conceptuel que les artistes anonymes des peintures rupestres? Et Leonard de Vinci, à lui tout seul, ne résume-t-il pas ce passage espace/temps ?

Je pense, avec cette exposition conforter cette idée, fruit de quarante années de travail, que la révolution dans la peinture se fera à l’intérieur de la tradition et non en dehors d’elle. Tel est mon credo.

 

Emilio Trad